De nuevo, me dejo arrastrar por el más oscuro y asqueroso de mis defectos, pero igualmente es al que más escucho, me dice que no sirvo para nada, y en parte es verdad, hasta lo que tendría que hacer bien lo hago mal.
Es un agujero que no pueden enterrar estas manos y cuanto más intento taparlo, ignorarlo, convencerme de que no existe, más dentro caigo, más me atrapa.
Unas pocas palabras bastan, unas palabras que van grabadas en la piel y me afectan cada vez que intento olvidar.
A veces nunca hay una disculpa para esas palabras, incluso cuando no hay nada malo conmigo y quizá sea esto lo que más me duela de todo, haber destrozado mi orgullo, haberlo roto en mil pedazos y aún así no encontrar un poco de igualdad, ni siquiera una excusa para desechar esas palabras de mi mente.
Me siento tan pesada por el peso de mi propio vacío que parece que lo único necesario para terminar con mi cordura es seguir escuchando a ese sentimiento y que grite que no soy importante. Pero solo es su eco, en el fondo del pozo esperan cosas peores.
Puede que algún día redescubra este rincón y tenga el valor para encender una luz que termine por completo con esta oscuridad.
Entonces estaré un agigantado paso más cerca de la felicidad.