Día lluvioso I: Punto de inflexión. Pausa.
El cielo también se deprime, también pausa su vida para aclararse durante horas, días, segundos y cuando ésto ocurre, deja que todos salgan y vean llover, pero unos pocos huyen y otros son sorprendidos por el agua, y la evitan; pero hay personas que se sientan en silencio a escuchar el llanto del cielo y se sienten comprendidas.
La lluvia moja los pies, que se mueven con gracia para esquivar los charcos formados por las intensas precipitaciones.
"El cielo está llorando" pienso siempre, en estos días grises, donde el silencio se apodera de las calles, y de mi, que le hago compañía.
Por mucho que lo intente no termino de olvidar el frío, que no es más que la ausencia de calor, entonces, ¿Es el frío la temperatura del silencio?
La lluvia cae a mi alrededor mientras observo todas las gotas que caen desde la punta de mi paraguas, me hace pensar, reflexionar, soñar despierta, pero melancólica.
Éstos días me producen una alegría que no termina de colmarse, un vacío que no es triste.
Y sonrío. Me alegra tener un paraíso natural cerca de casa, donde puedo relajarme y escuchar el silencio que rompe la lluvia con su intenso caer. Me hace no preocuparme de nada más de que observar las aves, que esperan con la cabeza escondida y muy quietas a que pase la lluvia, como si quisieran formar parte del silencio y la quietud del lugar.
Ha dejado de llover, las aves vuelven a moverse y el silencio se va evaporando a medida que aparecen personas y las calles van recobrando su intensa rutina.
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